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lunes, 26 de agosto de 2013

Palco de Prensa: El dilema priísta.


                                           Por : Gilberto LAVENANT

No siempre, el pertenecer al partido en el gobierno, otorga alguna ventaja. Bueno, los ganones son, además de los gobernantes en turno, sus parientes, compadres y amigos. Los integrantes del partido, que supuestamente gobierna, simplemente –en principio moralmente- están obligados a respaldar las acciones de gobierno. Les guste o no les guste.


Y esto no es solamente para los priístas. Los panistas, durante los 12 años que ostentaron el gobierno federal, tuvieron que tragarse su coraje y aguantarse las ganas de protestar, cuando Fox o Calderón tomaron alguna medida nociva o contraproducente. Lo único que podían hacer, era gritar : ¡Bravo! ¡Bravo!

Así les está pasando a los priístas. A un año de haber recuperado la Presidencia de la República, la verdad, no encuentran cómo disimular sus decepciones ante la gris actuación de la administración peñanietista. Casi les está pasando lo que les pasó a muchos con Vicente Fox : se la pasaron esperando el cambio, y nunca llegó.

Con Enrique Peña Nieto, con todo y las reformas estructurales que está proponiendo e impulsando, como que no llegan las mejoría prometidas a los mexicanos. Ni empleos, ni educación, ni seguridad pública, ni combate a la corrupción. Nada de nada.

Las promesas de campaña, como que se desvanecieron en menos de un año. La liga se puede estirar, pero llega un momento en que revienta. Muchos mexicanos que padecen hambre, que están desempleados, que no encuentran espacio en las escuelas públicas para sus hijos, ya no pueden seguir viviendo de sueños y promesas.

En esas condiciones, en el caso de los priístas, enfrentan el dilema de asimilar y avalar la propuesta de reforma energética de EPN. El añejo pregón de que “el petróleo es de los mexicano”, ya no basta para extinguir escepticismos, dudas o desconfianzas.

Tres propuestas están sobre la mesa. La del PAN, casi “copy paste” de la planteada por el sector empresarial, que con descaro propone abrir la puerta, de par en par, a los inversionistas privados, para que hagan del petróleo su máximo negocio. Para ello, sin rubor alguno, plantean las reformas constitucionales correspondiente.

Los panistas, no tienen mayor problema, pues son pro empresariales. Esa es la esencia de dicho partido. Además, son como los fanáticos de las religiones, el dogmatismo o fanatismo partidista los domina. Por regla general, apoyan todo lo que propongan los representantes blanquiazules.

Los del dilema, son los priístas. La propuesta del Presidente Enrique Peña Nieto, integrante del PRI, cuando las circunstancias resultan favorables para ostentarse como tal, es semejante a la de los panistas, el abrir las puertas a la inversión privada, como única alternativa de subsistencia.

La voz presidencial llamó recientemente a gobernadores priístas, legisladores federales y locales, alcaldes y regidores, para que recorran el país y pregonen los supuestos beneficios de la propuesta de EPN. A partir del compromiso de que “el petróleo seguirá siendo de los mexicanos”. Que habrá más empleos, que la gasolina y la energía eléctrica, bajarán de precio, que los mexicanos vivirán mejor.

Sin embargo, no les dijeron, cómo explicar, y mucho menos cómo justificar, el hecho de que la propuesta peñanietista, para nada plantea el reestructurar a PEMEX, para combatir la corrupción que se ha anidado en dicha paraestatal, así como para evitar que la sigan saqueando, como se ha venido haciendo desde su constitución.

El martes 13 de agosto, bajo el título de “La propuesta mocha”, el columnista hizo referencia a tales omisiones.  Dijo entonces que : “Después de tantas especulaciones, conjeturas y expectativas en torno a la propuesta energética, anunciada por el Presidente Enrique Peña Nieto, ayer, luego de su presentación, muchos coinciden en que “fué más el ruido que las nueces”.

Explicaba que : “Describe, si es cierto, una paraestatal, PEMEX, en condiciones deprimentes, de lento avance y de poca capacidad de respuesta, para los nuevos retos en materia energética”.

“Pero omite –decía- referir las causas de las condiciones desastrosas en que se encuentra. Para nada habla de las cochinadas que muchos han hecho al amparo de la sombra de Petróleos Mexicanos”.

Agregaba el columnista que : “El amplio texto de la propuesta energética, es genérica, muy difusa. No explica a los mexicanos los puntos débiles, que dieron lugar al saqueo indiscriminado de la paraestatal”.

Y remataba que : “En especial, no fija plazos, para que los mexicanos puedan percibir los supuestos beneficios de esta reforma. No se perciben argumentos convincentes para que los mexicanos se solidaricen con la propuesta, como se solidarizaron con la acción expropiatoria del Presidente Lázaro Cárdenas”.

Cuando a los priístas se les precisa todo esto, entienden y reconocen que no por ser miembros del partido que supuestamente gobierna, pueden o deben avalar, a ciegas, la propuesta de reforma energética del Presidente Peña Nieto.

Mayor es su desconcierto, cuando se les observa que la propuesta del PRD, dada a conocer por el hijo de “Tata” Lázaro, Cuauhtémoc Cárdenas, no abre la puerta a la inversión privada, sino que tan solo plantea reestructurar a PEMEX, combatir la corrupción y su ineficiencia y eliminar los privilegios del sindicato. Algo concreto, específico, congruente. El único problema es que el PRD es la oposición y generalmente navega en la especulación, en el chantaje político, en la necedad, en el radicalismo partidista. Ahí el dilema.

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